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Hong Kong obliga al uso del cinturón de seguridad en el transporte público a partir del 25 de enero
Las calles de Hong Kong están a punto de experimentar un cambio fundamental en el protocolo de seguridad, con un nuevo mandato integral que exige el uso del cinturón de seguridad en el transporte público y que entrará en vigor en poco más de dos semanas. Las autoridades confirmaron el jueves que, a partir del 25 de enero, los pasajeros de autobuses públicos y privados —incluidos los servicios con franquicia y escolares— deben abrocharse el cinturón si hay uno disponible, una medida que amplía significativamente la responsabilidad legal de los conductores, quienes ahora deben asegurarse de que los pasajeros menores de edad estén correctamente sujetos.Esto no es un ajuste regulatorio menor; es una intervención decisiva y largamente anticipada dirigida directamente a reducir las cifras de víctimas en una ciudad donde los autobuses públicos transportan a millones de personas a diario por densos y sinuosos corredores urbanos y a través de autopistas de alta velocidad. La cuenta atrás ha comenzado para que operadores y usuarios se adapten, con la aplicación de la norma lista para comenzar de inmediato, lo que señala una postura de tolerancia cero por parte de los funcionarios de transporte, quienes han observado cómo medidas similares redujeron drásticamente las muertes en jurisdicciones como Singapur y el Reino Unido.Detrás de esta fecha límite hay un sombrío impulso estadístico: a pesar del excelente historial de seguridad en el transporte de Hong Kong en general, graves accidentes de autobús en los últimos años, incluido un trágico incidente en 2018 en Tai Po Road que dejó 19 muertos, expusieron una vulnerabilidad crítica: la fuerza pura de un pasajero sin cinturón que se convierte en un proyectil en una colisión. El camino legislativo hasta este punto ha sido meticuloso, involucrando años de consultas, programas de modernización para flotas de autobuses más antiguas y campañas de concienciación pública que ahora culminan en una fecha de aplicación estricta.Los analistas señalan que la norma cierra una brecha evidente, ya que las leyes originales de cinturones de seguridad de Hong Kong, centradas principalmente en vehículos privados y asientos de autocares, dejaban desprotegida una gran parte de los viajes diarios. Las implicaciones prácticas son inmensas: gigantes con franquicia como KMB y Citybus deben garantizar una señalización clara y el cumplimiento por parte de los pasajeros, mientras que los conductores asumen una nueva capa de responsabilidad legal, enfrentando potencialmente multas y sanciones si se encuentra a niños sin sujeción.Para el usuario promedio, el cambio introduce un nuevo ritual de abrocharse el cinturón en la planta superior de un autobús de dos pisos, una acción simple que, según los ingenieros de seguridad, podría reducir el riesgo de lesiones graves a más de la mitad en un vuelco o una parada repentina. La política también refleja una tendencia global más amplia en la gobernanza del transporte urbano, yendo más allá de la seguridad del automóvil privado para proteger de manera integral a todos los usuarios de la vía, y sitúa a Hong Kong junto a otras metrópolis asiáticas avanzadas que han implementado mandatos similares.
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