PoliticslegislationHealthcare Policies
La visión de The Guardian sobre la prohibición de publicidad de comida chatarra: moldear los gustos es tarea del gobierno | Editorial
La largamente esperada prohibición de publicidad de comida chatarra, que finalmente entró en vigor esta semana, representa una intervención significativa y necesaria en una crisis de salud pública que se ha gestado durante décadas. Si bien los nuevos fármacos para la pérdida de peso acaparan titulares, son un parche farmacéutico para una herida social; no pueden resolver el problema fundamental de una dieta deficiente moldeada desde la infancia por un entorno comercial implacable.La medida del gobierno de proteger a los niños de los anuncios en línea y restringir las promociones televisivas de productos con alto contenido en grasas, sal y azúcar (HFSS) a franjas posteriores a las 9 p. m.es un reconocimiento correcto, aunque tardío, de que moldear el gusto público es de hecho una función central de un estado responsable. Las estadísticas son un indicador ecológico escalofriante de nuestra salud social: desde que comenzó el programa nacional de medición infantil hace veinte años, la proporción de niños de primaria obesos en Inglaterra ha aumentado del 17,5% al 22,1%.Esto no es solo un número en un gráfico; es una generación que enfrenta un futuro cargado de mayores riesgos de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares e hipertensión, un hecho subrayado por recientes llamados de médicos para comenzar pruebas rutinarias de presión arterial en niños. La prohibición apunta a trece categorías de alimentos y bebidas procesados, desde refrescos cargados de azúcar hasta patatas fritas y chocolate, productos diseñados para ser hiperpalatables y comercializados con presupuestos que empequeñecen las campañas de salud pública.Esta acción regulatoria es similar a erigir un dique contra una inundación de persuasión comercial que, durante años, ha erosionado el paisaje natural del desarrollo infantil saludable. El argumento desde sectores libertarios, de que esto constituye una intromisión excesiva del 'estado niñera', ignora deliberadamente la dinámica de poder asimétrica entre las corporaciones alimentarias multinacionales y las familias individuales.Los cerebros en desarrollo de los niños son particularmente vulnerables al marketing, que no solo informa la elección, sino que activamente esculpe la preferencia y normaliza patrones de consumo que pueden durar toda la vida. Tenemos un precedente histórico para tal intervención; la prohibición de la publicidad del tabaco fue ferozmente contestada, pero ahora se ve como un bien público inequívoco que salvó innumerables vidas.Los años de 'forcejeo' y cabildeo de la industria alimentaria contra estas medidas reflejan el manual de juego del tabaco, enfatizando la autorregulación y la responsabilidad personal mientras combaten políticas basadas en evidencia. Sin embargo, esta prohibición publicitaria, aunque crucial, es solo una parte de restaurar un ecosistema más saludable.
#prohibicion de publicidad de comida chatarra
#obesidad infantil
#regulacion gubernamental
#salud publica
#industria alimentaria
#editorial picks news